Terror de Culto, El Musical

Les voy a ser franco: este artículo va a tratar sobre musicales. Sin anestesia, sin vergüenza. Imagino que la primera frase ha provocado una brutal huida de lectores, por lo que nos hemos quedado un selecto grupo en el que estarán los que saben apreciar bien este género y los escépticos que están decepcionados con esa frase pero que siguen intrigados por el título. Esos que se han ido se perderán un artículo plagado de alienígenas travestis, cadáveres decapitados que bailan tangos, plantas asesinas que podrían grabar con la Motown o barberos que apuran al máximo sus navajas. Los que se hayan quedado encontrarán algunas de sus obras favoritas, bien porque ya lo sean o bien porque están a punto de convertirse a la fe del musical.

Porque en el género musical no todo es colorido, no todo es amor fantasioso, ni danzas bajo la lluvia. Tampoco es como Glee, que ha contribuido a asentar esa imagen pastelosa de los musicales. El musical tiene la ventaja de que se amolda —e incluso mejora— a otros géneros, como la comedia, el drama épico o las aventuras. De hecho, es habitual la inclusión en algunas de las mejores series de un capítulo musical en alguna de sus temporadas y que este acabe siendo de los más alabados por crítica y público. Cuando digo que mejora todos los géneros, lo macabro, lo bizarro e incluso el terror gore no se libran. Y si no me creen, pasen y vean. Eso sí, no se olviden el chubasquero y eviten llevar prendas blancas. Me lo agradecerán.

"Tienes algo entre los dientes"

“Tienes algo entre los dientes”

Son varias las obras que entran en la categoría y aquí vamos a mencionar algunas de las más significativas. Pero el foco principal será para tres musicales antológicos que deberían haber visto (aunque les digan que deberían verlos) o, al menos, escuchado una vez en la vida. Y lo más probable es que lo hayan hecho, aunque no lo sepan aún.

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Histerismo whovian

La mejor serie del mundo, aka Doctor Who, ha regresado. Hace un par de semanas que se estrenó su octava temporada, de la que se esperan muchas cosas. Sobre todo teniendo en cuenta que es el debut de Peter Capaldi como el Señor del Tiempo. De momento solo se han emitido dos episodios, insuficientes como para sacar conclusiones precipitadas sobre la temporada, pero que valen para empezar a generar dudas.

Nunca pensé que escribiría esto, pero los dos primeros capítulos de la era Capaldi son malos episodios. Sí, lo pongo en negrita para que se vea bien. Ahora en mayúscula: SON MALOS EPISODIOS. ¿Es Peter Capaldi un mal Doctor? ¿Jenna Coleman sigue dando la sensación de que su Clara es una presencia extraña? ¿Nos va a martirizar mucho más Steven Moffat con abuso de minutos del trío victoriano más extravagante de la ficción (compuesto por un matrimonio lésbico interespecies y una patata mayordomo)? La respuesta a las dos primeras preguntas es un contundente NO. Y recemos porque la respuesta a la tercera pregunta sea la misma.

Peter Capaldi no ha tenido mucho tiempo como para demostrar nada, pero por lo poco que sabemos, hay esperanzas para que se convierta en un Doctor que marque época. Ahora mismo está en una especie de viaje espiritual de autodescubrimiento, porque algo falla, hay un misterio con su regeneración. Las temporadas de Moffat tienen un arco argumental basado en misterios sin explicar, pero identificables. En esta temporada, además de la enigmática Missy, yo diría que ese fallo es el arco argumental misterioso. Mucha gente opina que el Doctor tiene que actuar de forma extraña cada vez que se regenera, pero que solo le dura un capítulo. Pero claro, también se decía que un Señor del Tiempo solo tiene 12 regeneraciones, y el Doctor ha empezado un nuevo ciclo, por lo que es normal que haya fallos o cosas nuevas. Eso es algo muy interesante y repito, para mí es el gran misterio de la trama. Más que descubrir Gallifrey, más que la identidad de la tal Missy…

Como digo, creo que va a ser un grandísimo Doctor. Pero por muy bueno que sea, sin un gran companion, la cosa se queda coja. Desde que se fueron los Pond, Clara no ha sido un buen relevo. Más allá de ser uno de los arcos argumentales más extraños y peor resueltos de la serie, su personaje no aportaba nada. Solo cuando llegaron los dos especiales, el del 50 aniversario y el de la despedida de Matt Smith empezó a ser un personaje de peso realmente. Y con los nuevos episodios da la sensación de que va a seguir siendo así. Sería una pena que se confirmasen los rumores de que dejará la serie en Navidad, pero eso es otra historia.

"Clara, ¿yo zoy buena gente en verdá?"

“Clara, ¿yo zoy buena gente en verdá?”

Entonces, la pregunta que debemos hacernos es ¿por qué son malos episodios si tenemos un buen Doctor y Clara está espabilando? Muy sencillo: si quitas esos dos elementos, te quedan dos episodios que no aportan NADA. En el primero hay demasiada confusión, se insinúa mucho, pero de forma poco atractiva. Y luego está el trío lalala, a los que espero no volver a ver hasta dentro de 8 o 9 episodios. Con suerte. Que para un momento o dos no sobran, hasta son graciosos. Pero es que el nivel de protagonismo en este episodio es demasiado alto. Un episodio, por cierto, con el peor pecado capital que puede cometer esta serie: aburre. Revisita a los enemigos de uno de los mejores episodios que ha escrito Moffat, The Girl in the Fireplace, pero de una forma mucho más plana, sin novedades. Justo en la línea del segundo episodio, útil por la presentación del señor Pink, futuro companion y porque ahonda un poco más en ese viaje del Doctor. El resto del episodio es como una especie de reciclado del episodio Dalek, de la primera temporada de la nueva generación. ¡Si el encontronazo entre el Dalek y el Doctor es igual! Hablando de Daleks, va a llegar un momento en que se deteste a este enemigo, no por su comportamiento ni por lo hideputis que son, sino por atragantamiento.

No obstante, voy a tomar nota de la moraleja que hay en el final del primer episodio: voy a confiar. Repito que no se puede juzgar el devenir de la temporada entera por dos capítulos, pero si algo no cambia pronto… Se puede desatar el histerismo whovian y la Guerra del Tiempo será un chiste.

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La culpa es de los padres que las visten…

Este fin de semana, como todos sabemos, se produjo una filtración masiva de documentos privados que han conmocionado a la opinión pública y que, como poco, habrán provocado el enfado supremo de los titulares de esos documentos. Y no, no me refiero a un nuevo Wikileaks. No, tampoco ha ido Casillas contando cosas del vestuario -cosas nuevas, que sepamos- del Real Madrid. Lo que se ha filtrado no ha sido otra cosa que cientos de fotos de famosas… desnudas. Algunas son reales, algunas son montajes. Quizás más de las primeras que de las segundas, lo que hace a las falsas igual de dañinas.

Antes de entrar en materia y para no ser tildado de hipócrita, o de sentirme superior moralmente o lo que sea, voy a hacer un par de aclaraciones: la primera es que en cuanto me enteré de que la mayoría eran de Jennifer Lawrence fui corriendo a ver las fotos. En ese sentido, la segunda aclaración viene porque puse este tuit, que, sinceramente, era por mi complejo de attention whore del retuit, porque ni iba a ver las fotos otra vez ni tengo tanto papel higiénico.

Dicho esto, me gustaría comentar algo que me da cierto escalofrío. No voy a hablar de la política de Twitter de cerrar cuentas que subiesen fotos o retuiteasen a quien lo hubiera hecho, porque me parece lamentable la celeridad con la que actúan en estos casos y la contundencia que se les olvida cuando hay miles de cuentas dedicadas por entero a la pornografía infantil que tardan muchísimo en ser destruidas, aun con miles y miles de denuncias, o las que fomentan la anorexia, dando consejos, poniendo retos y cosas más vomitivas que obviaré. Me da escalofrío la reacción de la gente a raíz de la filtración de fotos.

Después de las bromas, porque reírse de estas cosas no es malo, vienen los comentarios que empiezan con un “ya en serio”. Y un gran porcentaje son del estilo “si no quisiera que se viesen sus fotos desnuda, que no se las haga” o “eso le pasa por guarra”. A ver si lo entiendo. Una actriz o una persona de relevancia se hace fotos en pelotas, fotos en la mayoría de los casos, privadas, con su móvil, su ordenador o lo que sea, llega un hacker que le piratea el móvil, le roba las fotos, las difunde Y LA CULPA ES DE LA ACTRIZ. ¿El “la culpa es de los padres, que las visten como putas” 2.0?

Alguno podrá decir “oiga, es que son figuras públicas y tienen que atenerse a la atención que va a recibir todo lo que hagan”, y puedo estar de acuerdo hasta cierto punto. Si esas fotos se hubiesen hecho en un lugar público, o en plena gala de premios o cualquier chorrada, te jodes y pedaleas. Pero te roban algo privado y la culpa no es del que roba. Because fuck logic.

Son comentarios muy en la línea de las recomendaciones del Ministerio del Interior para evitar que violen a las mujeres. ¿Recomendaciones y consejos a los “hombres” que tienen el cerebro abajo? JA. Recomendaciones para las mujeres. Pero cosas del tipo “si vives sola, pon solo tu inicial en el buzón” o “evita ponerte minifaldas”. Vamos, QUE ANDÁIS PROVOCANDO. Así es normal que un pobre señor al que nunca le han explicado que si una tía no quiere nada con él no tiene que forzarla, se confunda por el poco riego sanguíneo que le llega a la cabeza.

“La gente está enferma, haciéndose fotos desnudas con el móvil”. No, mire usted. La gente está enferma cuando se filtran fotos privadas y le echa la culpa a las víctimas mientras mascan palomitas o se agitan el asunto con furiosa convicción, pero con el sentido de la moral por las nubes.

Guardianes de la Galaxia, o gracias por tanto, Marvel

A la entrada del cine, unos amables muchachos nos entregaron a mis acompañantes y a mí unas fichas para que valorásemos la película Guardianes de la Galaxia, además de otras cuestiones más generalistas. Finalizada la sesión, corrí a marcar las casillas “excelente” y “muy bueno”, casi sin pararme a ver qué me preguntaban. Y eso que me había prometido no dejarme llevar por la emoción. “Vamos, Juan Luis, que esto es algo serio y seguro que a los responsables de la encuesta no les hará gracia un peloteo descarado”. Pero no fue peloteo. Quizás un poco, pero la valoración de la película es sincera.

Hacía muchísimo tiempo que no disfrutaba tanto con una película en el cine. Quizás desde el estreno de Los Vengadores. No es que en los últimos dos años no haya visto buenas cosas. Al contrario. En estos dos años he visto las aventuritas de Bilbo, X Men, The Amazing Spiderman 2, El Amanecer del Planeta de los Simios… y otras tantas. Pero salir de la sala con ganas de repetir inmediatamente solo me pasó con la de Whedon. Y fue precisamente la escena posterior a los créditos la que me llevó a estos Guardianes, a los que no conocía en absoluto. Lo digo sin vergüenza, que afirmar lo contrario haría reventar el medidor de postureo. En fin, mientras más leía, más y más me iban ganando, hasta que este estreno se convirtió en uno de esos que señalas en el calendario.

Las críticas no hacían más que aumentar esa impaciencia para verla: que si la mejor película de Marvel hasta la fecha; que era como un Firefly meets Han Solo… Tanta crítica positiva, no obstante, me hizo prepararme para un posible fiasco. No sería la primera vez que se pone a una película por las nubes y al final no es para tanto. Al final, todas esas dudas se disiparían tan pronto como apareció Star-Lord en el planeta Morag, o al dúo sacapuntas compuesto por Rockett y Groot (al que, por un capricho de vete tú a saber, no pudimos escuchar con la voz de Vin Diesel, que ha doblado su personaje en todos los idiomas). Incluso los otros dos miembros del grupo, GamoraDrax el Destructor, que no tienen tanto carisma, tienen apariciones geniales.

Es una película de orígenes atípica, porque acelera todo el aburrido proceso de contextualizar a cada personaje principal para centrarse en la historia principal. Y eso se agradece. Porque si de algo puede presumir Guardianes es de tener un sentido del ritmo perfecto. Guarda los tiempos justos para ponerse seria, cómica, para la acción y para mostrar las futuras conexiones con el universo cinematográfico de La Casa de las Ideas sin que dé la sensación de que se estanquen o de que se eche en falta algo más de lo que sea. Así, te topas con una película de batallas espaciales, puñetazos, pistolas láser y cachibaches electrónicos en la que hay un desarrollo adecuado para cada personaje, con sus conflictos, sus fantasmas interiores y su capacidad para salir de los problemas.

En una crítica leía que el grupo está compuesto de dos Han Solo, dos Chewbaccas y una Leia. Y no podría estar más de acuerdo. Chris PrattBradley Cooper dan vida -el segundo solo la voz- a dos personajes que de seguir así la franquicia, entrarán en el Olimpo de los canallas espaciales. El Groot de Diesel ya es el meme más querido del momento.  El personaje de Bautista mola por lo literal que es y por su pasado de WWE. Y Zoe Zaldana, con su mezcla de Na’viUhura, que da la sensación de que aún le queda mucho por mostrar a este personaje. Todos estos en grupo son una auténtica maravilla. La escena de la cárcel es el mejor ejemplo de lo que son capaces de hacer.

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Del apartado técnico no voy a hablar, porque es mejor que vayáis al cine y veáis lo espectacular que es todo. T-O-D-O. Pero una mención especial va a tener la banda sonora. El Awesome Mix Vol. 1 tiene que ser un ítem obligado en los coches, móviles y reproductores de todo aquel que vaya a ver la peli. Tanto al ir como al salir. Todas las canciones mejoran enormemente las escenas. Habrá que ir buscando ya el Vol. 2, sobre todo si es capaz, como el 1, de hacerte bailar (NO ABRIR EL ENLACE SI NO SE HA VISTO LA PELI POR MINISPOILER) así.

La única pega, quizás, es que una vez más, una película de Marvel carece de un villano carismático. Desde Loki no podemos ver un rival del que digamos “joder, ese tío va en serio”. Y no me malinterpreten: Ronan el Acusador no es un mal enemigo (bueno, es malo, sí, pero malo de maldad, no de mediocre). Y, por supuesto, está Thanos. Pero este último no tiene apenas trascendencia en el film, quizás a la espera de un Vengadores 3 o similar en la que sea el malo malote. En cuanto al kree que interpreta Lee Pace, pues bueno… Ha tenido su momento de gloria, pero que pase el siguiente. 

Mi veredicto: no es la mejor película de Marvel, porque ese honor sigue siendo de Los Vengadores, pero se acerca muchísimo. Y digo una cosa: hoy es 16 de agosto. La película lleva ya tres días en cartelera. Así que son 3 días en los que no has ido a verla. Y no sé qué clase de vida tendrás para no poder encontrar en 3 días un par de horas para volver a disfrutar como un niño. Para poder ir corriendo a Marvel a decirle cuánto la adoras.

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Periodismo de pueblo

O local, que todavía habrá quien se ofenda porque al sitio donde viven le llamen pueblo (aun siéndolo) con todas las connotaciones negativas de paletismo que conlleva.

-Pues sí, amigos random de fuera: este es el sitio en el que me crié, al que le tengo tanto cariño, con gente muy capaz, honrada y trabajadora. Lleno de calles muy bonitas, con parques y plazas fantásticas. Que tiene un teatro, un castillo que ahora es un teatro, iglesias que son monumentos flipantes… Sí, este es mi pueblo.

Diría yo, a lo que un señor local random (todo es random, mono random, ropa random, droga random, random random) contestaría con un deje indignado:

-Ya están los universitarios despreciando sus raíces con lo de paletos de pueblo.

-Pero si yo no he…

-¡VETE A LA CAPITAL, FINOLIS!

En fin. Mis años en la capital andaluza terminaron o se quedaron en stand by con la llegada del verano. Y ante el inminente sprint final en la carrera, algo habría que hacer, para coger experiencia, aumentar el currículum y aprender a desenvolverse en las rutinas de la información. Así, decidí dar el paso que todo estudiante de periodismo de Morón ha dado -o debería haber dado- durante su formación: prácticas en Radio Morón. De momento la cosa va bien, con un gran compañero practiquero, don Jesús Caballero, las fantásticas lecciones de Jesús Sánchez, que debe andar ahora mismo visitando el dormitorio del conde Drácula, y la supervisión de los responsables de la emisora.

La verdad es que está siendo una experiencia bastante enriquecedora en lo profesional, pero muy curiosa en lo personal. Normalmente, en un pueblo como Morón de la Frontera, ponerse al día con la actualidad más básica no es algo que cueste mucho trabajo. Nos conocemos todos y todos sabemos de quiénes somos. Pero, como periodista, hay que profundizar más, lo que te lleva a conocer a más gente y a conocer mejor a los que ya. Y, la verdad sea dicha, es algo muy divertido, con mucho encanto.

Sí, es verdad que hablar de un pleno local no tiene el mismo relumbre o prestigio que podría tener cubrir una sesión del Parlamento, nacional o andaluz. Pero tiene el simpático efecto de “potenciar” a las personas que lo protagonizan. Ver cómo un político cambia rápidamente el tono cercano y amable, la familiaridad con la que hablas a quien conoces de toda la vida, por el deje político, de mítin, en cuanto se enciende el micro, la grabadora o la cámara. Y también entiendo que los fichajes que pueda hacer el equipo local no son la exclusiva periodística del año, o las filtraciones y off the records no impactan tanto, pero no se puede negar que el feedback de la audiencia cuando trabajas en un medio local es asombrosamente exigente, obligándote a trabajar con una profesionalidad casi superior a la que requieren medios de tirada nacional. Porque aquí trabajas para tus vecinos y amigos. Familiares que te van a pedir un nivel de premio Onda.

En definitiva, si hay algún tipo de periodismo que te haga mejor profesional y, por qué no decirlo, casi mejor vecino, es sin lugar a dudas el periodismo de pueblo.